miércoles, 30 de noviembre de 2022

Dicen que los gatos pueden abrir puertas, pero sólo los gatos fantasmas pueden cerrarlas

Nadie notó que yo vivía siempre dormida

mi propia existencia en el mundo

 parecía una fantasía incierta

Mi cabeza está llena de densas tinieblas

 que no me conducen a ninguna parte.

Sueño, Murakami

 

 

   Terminaba de batir mi café, lloviznaba. A través de la ventana veía las sombras de los árboles temblar en el asfalto. Todo estaba en movimiento. El aroma de la tierra mojada me llegaba de afuera mezclándose con el del café. Me sentía tranquila. Envuelta en mi campera, recordé que la primavera había empezado hacía poco. Sin embargo hacía frío y venía lloviendo hacía tres días. La sensación del invierno recorría mi cuerpo; serví el agua en la taza, cerré las cortinas, miré la computadora con la novela a medio leer.

   Me había quedado en la parte en que la protagonista logra conciliar el sueño después de varios días sin dormir, pero esta vez se queda sumida en un sueño profundo, no logra encontrar un equilibrio en la realidad. Es como estar todo el tiempo soñando, se puede llegar a ese estado aún haciendo cosas cotidianas, pensé.

    Abandoné la lectura para probar el videojuego que me recomendó Medea. Nos habíamos encontrado en el centro porque se sentía triste. Caminamos sin dirección y después fuimos a tomar algo. Medea tenía la mirada más perdida que de costumbre y aunque indagué, no quiso hablar de lo que le pasaba. Se limitó a hablarme de los álbumes que venía escuchando, de las películas que había visto y del videojuego.

   Era una novela visual donde se podía interactuar con todos los personajes de un pueblo. El objetivo era ayudarlos a cumplir sus metas, desde entregar una carta hasta visitar un lugar específico. Me interesó sobre todo por la manera en la que Medea hablaba de él. Le daba un sorbo a su mocca, hablaba del juego y sus ojos brillaban.

  Lo instalé esa misma tarde. La tormenta parecía continuar su curso y quise quedarme en casa jugando. Cuando lo abrí, la pantalla se puso lluviosa y aparecieron los nombres de la compañía y después el título sobre un fondo azul. Inmediatamente mostraron el pueblo: casas de madera con techos inclinados, el pasto de un verde saturado, vallas blancas que dividían los jardines repletos de helechos, arbustos y cipreses muy altos. Empecé a controlar mi personaje y me dispuse a conocer el lugar. Había un lago cerca con peces koi y patos a la distancia. También encontré tiendas de alimentos, de ropa, de mascotas, de diversas cosas necesarias para una vida funcional en un pueblo. Cuando me acerqué a un banco de la plaza principal me encontré con Sumi.

   Sumi era una chica de pelo largo y negro y facciones asiáticas. Bajaba la mirada al hablar y mantenía sus manos juntas sobre su falda, estirando las mangas de su pulóver.

 qué bonito día. En días como estos me gusta caminar por el parque y mirar a los patos en el lago. Perdón ¿sos nueva por acá? No me presenté, me llamo Sumi ¿vos cómo te llamás?

 Respondí con mi verdadero nombre. Sumi continuó hablando.

 ¿Otoño es cuando caen las hojas?

 Sí, y el viento se siente bien en la cara.

 Me hace acordar tanto a cuando era chica, iba al jardín caminando con papá, saltando hojas, me gustaría ser chica otra vez y jugar sin preocuparme.

 Podemos ir a un parque y acostarnos en el pasto a ver las nubes.

 Me encantaría.

   Caminamos hasta el parque bordeando el lago. Sumi iba delante de mí y cada tanto volteaba y sonreía. Un gato se cruzó en nuestro camino y se frotó con las piernas de Sumi. Ella se agachó para acariciarlo y me habló.

 Tenía una gatita que se llamaba Haru. Era muy linda. El día siguiente a que falleció estaba leyendo unos apuntes en la cama a punto de dormirme y sentí como Haru se subía y se acostaba y acomodaba en la cama, al lado de mis piernas. Percibí con precisión su peso y su calor. No sé si son sugestiones de la mente para consolarnos o si existen los fantasmas pero me gusta pensar que Haru me visitó por última vez.

A mí me pasa algo así con los sueños. Sueño cada tanto con una amiga que tuve y en todos me habla como si estuviera lejos. También, algunas veces, me dio la impresión de verla por la calle o en lugares específicos pero enseguida abandono la idea y no presto atención.

¿Cómo estás de ánimo últimamente?

ah, una montaña rusa como siempre. Suelo estar estable en mis días haciendo las cosas que me gustan pero a veces decaigo por algo o por nada en específico.

Tener subidones y recaídas de ánimo me pasa muy seguido últimamente. Trato de enfocarme en cosas que me gustan pero a veces al no tener tareas por cumplir me desanimo bastante.

   Nos sentamos en el pasto a ver el cielo por un rato. Después nos hamacamos una a la otra y caminamos por un sendero que había hacia una fuente de agua rodeada de bancos de madera.

    Sumi sonrió.

 la pasé bien hoy, gracias por hacerme compañía.

   Su cara y su cuerpo empezaron a transparentarse hasta desaparecer y el brillo de sus ojos y su sonrisa dejaron un halo de luz en el aire por unos segundos. Mi barra de objetivos se cargó un poco, sin embargo me quedó una sensación extraña. Pensé en algunas personas que ya no veía. También me quedé pensando en sus ojos, reflejaban alegría. La animación era semirealista, quizás por eso y por los diálogos, la interacción con el personaje se sintió muy real, como salir con una chica melancólica que conocía.

   Dejé el juego por el momento y me dispuse a comer mi arroz frente a la ventana que da a la terraza. El vidrio crepitaba por el fuerte viento.

   Un gato caminaba por el techo de la casa vecina, se acomodó y me miró un rato hasta caer dormido. La lluvia había parado un poco pero daba la sensación de que el día iba a seguir así, con un cielo blanco iluminándolo todo.

 

lunes, 14 de febrero de 2022

Rabbit Island

The air is cold. It's getting darker and the sky is of a pale pink. I had been lying on the grass by the side of the road, looking at the sky. I had seen it change from a bright pink to a pale rose and I saw clouds splitting and merging again and again.

I have a bentō box in my bag, with steamed veggies and rice, but I don't take it out. I'm not hungry, there's no need to eat. I just want to lie still until darkness comes and I finally must return home.  Some kitten had been playing in the grass for a while and now it licks its paws, oblivious to everything else. There are snails hidden inside their shells in a nearby mossy trunk and yonder, in the middle of the tall grass there's only one lone old tree, leafless and with its branches all twisted. I believe if I think hard enough, I can make it rain. A storm, like the one I made when I was twelve and I was playing in the yard wishing I didn't have to go to school. I only need to wish for it and squeeze my eyes for a moment.

Beyond the dusty road there is a wheat field. Sometimes I see people working the ground, but this late there's no one there. The wind rises. The tall grass moves slightly faster. I shut my eyes as if they were heavy. The pressure I make when squeezing my eyes makes me clench my teeth too. I feel my lips with my tongue: they are injured, I bit them earlier. A tiny drop falls through my cheek, and I open my eyes.

The raindrops dampen my face, and it seems like, for a brief moment, they stay still in the air or maybe it's just how I see it. I stand to see the whole place. The first thing I see is the leafless tree. The wilderness spreads through the horizon and the sky is opaque, almost grey. I must force my sight to see clearly. The tree looks like a ghost, or to be precise, has the aura of a ghost. Focusing my sight on it, from time to time it seems to blur. I think I see less and less trees in the places I visit. I love to visit this place devoid of artificial objects, just plants, tall grass, the infinite sky, and the leafless tree.

 

The first thing you notice when you open your eyes is that you are all wet and you are a duck. Your legs touch water while your face lies on the cold earth. It's nighttime, a bright moon is the only source of light. The waves might have dragged you there. You remember nothing, not how you got there nor who you were before becoming a duck. There's no memory of having been a duck before, or anything else. You feel a bit cold and wet, but your feathers protect you and you can keep going. You stand up and look around: you are in an island and the sea spreads as far as the eye can see. The wind is quiet, and everything is silent. A strange silent, somewhat comforting. You walk aimlessly. At first you find it difficult to walk without falling over, until you find a rhythm to it. You concentrate on every step that you take, your movements are mechanic, as if you were a robot. As you advance, you notice some plants, you are heading towards the center, farther from the coast. Your feet sink in the grass, deafening the sound of your steps. As if the sound disappeared with the wind. Even though it's nighttime, the moon illuminates everything like it's midday. You look up to see white circles in the sand, they are many shining circles, close to each other. When you get closer, you notice they are rabbits.

They sleep. Beneath the blue sky their fur shines, dazzling you, making you close your eyes. You get closer, you want to see them closely. When you are nearby you notice everything about them remains still, as if there was no air. You examine them, they look like holograms, but they are real, and they are alive.  You make sure you are still breathing by taking a deep breath. You look at your legs in the grass and you stare at the rest of your body: your feathers, your raddled wings, part of your beak.  You lift your feet and let them fall in the same place making a mute sound, the rabbits are still asleep.

 

Mickail awaits me at the station. I get off the bus and jump to his arms, he hugs me for a while. We talk about the manga we have read and the movies we have seen and some other things while we walk by the avenue towards the forest.

  • This week I finished Aku no Hana, in the end Takao and Nakamura meet again, by the beach in the city she lives. Taka asks her some questions and Nakamura avoids answering, saying confusing stuff. He then lunges at her, and they fall in the sea. It looks like a violent scene, but they end up laughing and playing in the water.
  • I must read it. I watched Naked Blood, it's about a scientist who creates a liquid that makes pain feel pleasant when you drink it. They test it on three girls who offer as volunteer and when they injure themselves by accident the like it, so they start to mutilate themselves. There's also a girl with a cactus that’s connected to her glasses and when she puts them on, she goes inside virtual realities.
  • Wow! I dig it.
  • I also read some random manga, but none worth mentioning.
  • Ero-guro?
  • Yeah, there was one about a guy who kidnaps girls to turn them into furniture and stuff.
  • Sick. I can't believe it's legal in Japan to make films or mana about real cases of kidnapping or murder.
  • You can expect anything from Japan.
  • Did you get the razor blade, or a pocketknife?
  • Yeah. I also brought cookies. When we get close to the blue flowers, let's grab some.
  • If we keep doing this, we might as well start our own suicide club.
  • I wouldn't mind dying in the forest of dry leaves.
  • I brought some bandages in case we bleed too much.

We take the first dirt road. I'm wearing laced white socks and my black shoes; they may get all dirty at any time. I like the weather, cloudy, a little chilly. The temperature dropped after two days of rain. Mickail speaks to me.

  • I read there is an island in Japan called Okunashima, inhabited only by rabbits.
  • Ow, just like kitty island.
  • Yeah, no one knows how the rabbits got there. It is said they may be descendants of rabbits that escaped from a facility that wanted to do experiments on them, to develop poisonous gases during World War Two. Another theory, though, states that some random kids abandoned a bunch of rabbits there and they just multiplied.
  • Being a rabbit, having an island all for myself sounds awesome.
  • They seem to be quite fine there. People visit them and take photos of them and feed them. Only at night they can have the island all for themselves.
  • If i were an animal I'd defo be a rabbit. I'd have pink eyes and fluffy soft fur.
  • Haha you are not too far away from it. I don't know what I'd be. I think if I was able to choose from absolutely everything, I'd like to be something from outer space.
  • A galaxy?
  • Yes. Or just a satellite.
  • I always believed being in outer space was like being in the bottom of the sea.
  • I get vertigo from just thinking about both those places.
  • How are you going to be a satellite if you get vertigo?
  • After a few days I'd adapt. I always do.

We leave the dirt path and enter a sector tight with trees. We have to move some branches aside to make our way through, we hit some spider webs. It's texture in my arms feels soft and it tickles. Leaves beneath our feet creak. I remember summer is ending. I walk through the woods with determination, I'm full of energy but also drowsy because I haven't been sleeping very well lately. I drink some water; I consider whether I'm hungry. I can't really tell. My eating habits are so bad I can't tell when I'm hungry anymore. Mickail speaks to me, I answer. I feel in a dreamlike state. I look up and see titbits of sky. The sky fractured by indefinite branches intertwined. It's like a beehive, our secret place where light barely reaches. It seems it's about to become night, but it's the impression the treetops above us give. I hold my bag with both hands. I remember the only time I injured my arm with scissors. Blood spilled all over my bedroom floor and I stood still for a few minutes. It seemed surreal, yet it's the most vivid memory I have. I cut my skin like it was paper because I was curious and sad, and I didn't care if I got hurt. I now walk and I don't know what I feel. If I wasn't human, what would I be? I see my hand; I extend my fingers bring them to my palm. I think about it again. The first time I was in a forest the grass was tall and I crouched to get lost inside of it and then I jumped like a rabbit while plants caressed me. No one was looking at me, so I kept skipping and ate some grass and leaves tearing them with my teeth. It was fun and I didn't want it to end, when we got home in my father's van I wanted to cry. Everyday life has depressed me ever since. It's as if I had lost whatever bound me to reality when I discovered a different way of doing things.

 

You need your limbs to function to start running. In moments like this you want to be a cyborg and abandon your body. You stretch your legs as much as you can as if you were connecting your circuits. There is no response. The rabbits have awoken, and they stare at you. Some of them stay still but the others approach slowly. You try to guess their intentions, but they are unclear. Their red eyes gaze at you, you start to fade out.

There's a memory: you are inside a classroom with chairs placed over the tables. Everyone else is gone, you are alone. The gloaming light makes its way in through the closed windows. The sky is orange, and you can't help but stare at it. It's your favourite time of the day, you could stay there for hours but you know it only lasts for a moment. You feel this place represents you. Earlier you spoke to some people, but those were meaningless interactions. You are alone with your thoughts. You are in an empty place. You can feel the walls moving towards you.  You notice hours have passed but the sky remains the same. Your legs don't get tired of standing, either. There is no alteration whatsoever. It's like you have stopped time, or someone else did it for you. There's a second memory: You are under a canopy keeping yourself from the rain. It's cold and someone holds your hand. The sounds of rain muffle any other sound. Closing your eyes, you feel the rain fall harder. You keep your eyes closed. You think about that game you left half finished. You think you'd love another sandwich. You think the wind blows so strongly, like a hurricane. When you open your eyes there is a tornado in front of you and whoever is holding your hand releases it to hug your whole body and push you aside. You are now in an unknown place, shielding yourself from something created by yourself. You don't know why you feel responsible for the mess. The rabbits who got closer smell you and immediately drop the interest. They go by and you return, slowly, to exert control over your limbs. The vertigo is gone, you start to relax. You also begin to adapt to your new body. You keep wandering the island.

 

I see my translucent veins running through my arm. Y can feel the motion within them. My blood spills to the ground, it was a close and quick cut. I see the colour of my blood and I can imagine what's under my skin. I'm a container made of flesh, I believe, yet I'm not totally convinced. Mickail watches mee bleed and snaps the blade out of my hands and takes it towards his chest. The leaves shadows move all over his skin. I follow his movements with my eyes. He presses the blade making a horizontal cut. The blood begins to pour. His expressions remain unnerved. He falls to the ground, and I do the same. In silence we stare at the sky and the tress. Mickail extends his hand to hold mine, he's about to say something, but I reject his touch and he remains silent. The silence between us is strange, as if it were about to break at any moment. I see the forest in front of me, but it feels distant, like the tree in front of my house, nothing seems real. I can't concentrate completely. The wound in my arm stings and I close my eyes. I feel lightheaded. I want to stand up and run through the woods until I get lost. I imagine Mickail calling my name and chasing me, but I always stay out of reach. I imagine he loses sight of me, and I get lost for real, unable to find the way back home. Something keeps me from doing it. I don't know why I lay still. I see some branches entwined while my blood drops over the dry leaves and mixes with the flowers we took on our way here.

 

There's something about the island. You didn't notice it at first, but as you get to know it's details you feel sure about it. There's something heavy in the air and the sky and water stay static. You'd love to lay in the grass sleeping or watching the clouds, but there's something that keeps you uneasy. Some rabbits tear some dill leaves and eat them. You think you'll do the same when you are hungry. You go down the beach and drink some water from the sea. It's tasteless. You see your reflection; you finally recognize yourself. A few seconds later, the reflection gets distorted. You stay still. You think you can disappear with the slightest movement. You are certain you were something else in a different time, but you vanished from that world without a trace. You try to remember who you were, but you can't make the memories return. Your reflection dissipates and you lose balance. You are now floating in water; the cerulean sky is full of intertwining clouds. It's daytime. The island of rabbits has disappeared and the sea you are floating in moves generating small waves that pull you. You swim aimlessly, yet there's no trace of the rabbit island, or any other island. No trace of any kind of landmass. It's as if everything has vanished and you were forgotten in the sea. You let the tides drag you around, unable to fight against it, or do anything at all.

 

viernes, 28 de febrero de 2020

Isla de conejos



   El aire es frío. Se está haciendo de noche y el cielo está rosa pálido. Me quedé viendo el cielo acostada en el pasto, a un lado del camino. Vi pasar el cielo de rosa brillante a rosa pálido y vi las nubes fragmentarse y unirse otra vez. Llevo un bento en mi mochila con verduras al vapor y un poco de arroz pero no lo saco. No tengo hambre, no hay necesidad de comer. Sólo quiero permanecer inmóvil hasta que oscurezca y llegue el momento de volver a casa. Sonidos de cigarras se escuchan a lo lejos. Un gatito estuvo jugando en el pasto desde hace rato y ahora relame sus garras sin prestar atención a nada más. En un tronco mohoso que está cerca hay caracoles escondidos en sus caparazones y más allá, en medio del pasto crecido sólo hay un árbol viejo, sin hojas y con sus ramas enredadas. Pienso que con pensarlo lo suficiente puedo provocar una lluvia. Una tormenta, como la que causé cuando tenía doce años y estaba jugando en el patio deseando no tener que ir a la escuela. Sólo basta con desearlo y cerrar los ojos presionando  por unos momentos.

   Más allá del camino de tierra se extiende un campo de trigales. A veces veo gente trabajando la tierra pero a esta hora de la tarde no hay nadie. El viento corre con más fuerza. El pasto crecido se mueve ligeramente más rápido. Cierro los ojos como si me pesaran. La presión que ejerzo al cerrar los ojos me lleva a apretar los dientes también. Paso mi lengua por mis labios: están  lastimados por haberlos mordido más temprano. Una gota de agua cae sobre una de mis mejillas y abro los ojos.

   Las gotas de lluvia mojan mi cara y parece que, en un momento, se quedan suspendidas en el aire o sólo es una impresión. Me levanto para tener una visión de todo el lugar. Lo primero que veo es el árbol sin hojas. La maleza se extiende y el cielo se ve opaco, ya casi gris. Tengo que forzar la vista para poder ver bien. El árbol se ve como un fantasma, o más precisamente tiene aura de fantasma. Enfocando la vista en él, de a momentos parece como si se difuminara. Pienso que cada vez veo menos árboles en los lugares que conozco. Me gusta ir a ese lugar donde no hay objetos artificiales alrededor, sólo plantas, el pasto muy alto, el cielo en toda su extensión y el árbol sin hojas.



   Lo primero que notás cuando abrís los ojos es que estás mojado y sos un pato. Tus patas tocan agua mientras que tu cara está apoyada sobre tierra fría. Es de noche, con una luna brillante que ilumina todo. Las olas te deben haber arrastrado ahí. No recordás nada, ni como llegaste ni que eras antes de ser un pato. No tenés recuerdos de haber vivido como pato ni como ninguna otra cosa. Tenés un poco de frío por estar mojado pero tus plumas te protegen y podes sobrellevarlo.Te levantás y mirás alrededor: estás en una isla y el mar se extiende hasta donde no podes ver. El viento está quieto y hay silencio. Un silencio extraño y de alguna manera confortante. Caminás hacia ninguna dirección precisa. Al principio te cuesta caminar sin caerte a los costados hasta que podes llevar un ritmo. Muy concentrado en cada paso que das, tus movimientos son mecánicos, como si fueses un robot. Mientras avanzás  notás que hay  algunas plantas, sin darte cuenta te estás dirigiendo a un centro y alejándote de los bordes de la isla. Tus patas se hunden en el pasto y apenas escuchás el sonido de tus pasos. Es como si el sonido se perdiera junto al viento. A pesar de que es de noche, la luna ilumina todo como si fuese una nueva hora en el día. Levantás la vista y ves círculos blancos sobre la arena, son muchos círculos brillantes con algunos centímetros de distancia entre sí. Cuando te acercás ves que son conejos.

   Los conejos duermen. Bajo el cielo azul sus pelajes brillan, tanto que te encandilan y te llevan a cerrar los ojos. Te acercás más, querés verlos de cerca. Al acercarte te das cuenta de que todo en ellos se mantiene quieto, como si no corriera el aire. Los ves bien, parecen hologramas pero son reales y están vivos. Te aseguras de que respirás inhalando profundo. Mirás tus patas hundidas en el pasto y todo lo que podés llegar a ver de tu cuerpo: tus plumas, tus alas decaídas, parte de tu pico. Levantás las patas y las dejás caer en un mismo lugar, el sonido es sordo, los conejos siguen durmiendo.



   Mickaíl me espera en la parada. Bajo del colectivo y me tiro en sus brazos, él me abraza por unos segundos. Hablamos de los mangas que leímos y las películas que vimos y de otras cosas mientras caminamos al costado de la avenida hacia el bosque.

Esta semana terminé Aku no hana, al final Takao y Nakamura vuelven a encontrarse, en una playa en la ciudad donde vive ella. Takao le hace algunas preguntas y Nakamura las evade diciendo cosas confusas entonces él se tira sobre ella y caen en el mar. Parece una escena violenta pero terminan riendo y jugando en el agua.

Tengo que leerlo. Yo vi Naked blood, es sobre un científico que crea un líquido que al tomarlo hace que el dolor físico se sienta placentero. Lo prueba en tres chicas que se ofrecen de voluntarias y cada una en sus casas se lastima por accidente y al gustarles esa sensación empiezan a mutilarse. Paralelamente una chica tiene un cactus en su pieza conectado a unos lentes y al ponérselos entra en realidades virtuales.

wow, quiero.

También leí algunos mangas random pero no me gustaron tanto.

¿eroguro?

Sí, uno era sobre un tipo que secuestra chicas para convertirlas en muebles y otros objetos.

Sick. Yo no puedo creer que sea legal en Japón hacer mangas o películas sobre casos de secuestro y asesinatos reales.

Se puede esperar cualquier cosa de Japón.

¿conseguiste la hoja de afeitar o una navaja?

Sí y también traje galletitas. Cuando pasemos cerca de las flores azules agarremos algunas.

A este paso vamos a inaugurar nuestro propio club del suicidio.

No estaría mal morir en el bosque de hojas secas.

Traje algunas vendas por si sangramos mucho.

   Entramos en la primera calle de tierra. Llevo puestas medias blancas con puntilla y mis zapatos negros, en cualquier momento van a llenarse de tierra. Me gusta el clima que hay, nublado y un poco fresco. Después de la lluvia de los últimos dos días descendió la temperatura. Mickaíl me habla.

El otro día leí que hay una isla en Japón llamada Okunashima donde sólo viven conejos.

Ow, como las islas de gatitos.

Sí, no sé sabe cómo llegaron los conejos ahí. Puede ser que sean los descendientes de unos conejos que se escaparon de una fábrica que planeaba experimentar con ellos para crear gases venenosos durante la segunda guerra mundial. Otra teoría es que unos chicos que iban a una excursión liberaron algunos conejos en la isla y se reprodujeron.

Qué genial ser un conejo y tener toda una isla para uno.

Parece que los conejos están tranquilos en la isla. Las personas van a visitarlos y sacarles fotos y alimentarlos. Sólo por las noches pueden tener la isla para ellos solos.

Si fuese un animal definitivamente sería un conejo. Tendría los ojos rosados y el pelo esponjoso y suave.

haha no estás muy lejos de serlo. Yo no sé qué sería. Creo que si pudiese elegir entre todas las cosas me gustaría ser algo que esté en el espacio exterior.

¿una galaxia?

Sí, o me conformo con un satélite.

Siempre pensé que estar en el espacio debe ser similar a estar en el fondo del océano.

Me da vértigo pensar en estar en cualquiera de los dos lugares.

¿Cómo vas a hacer para ser un satélite sintiendo vértigo?

Después de unos días el vértigo se va y me adapto. Me pasa con todo.


   Nos desvíamos del camino de tierra entrando en un sector de árboles estrechos. Tenemos que correr algunas ramas para poder pasar, nos chocamos con algunas telas de araña. La textura de la tela de araña en mis brazos se siente suave y me da cosquillas. Las hojas bajo nuestros pies crujen. Recuerdo que el verano está terminando. Camino con decisión por el bosque, estoy con energía y a la vez algo somnolienta por no haber dormido bien los últimos días. Tomo agua, pienso si tengo hambre. No logro deducirlo. Por no comer en horarios específicos me cuesta darme cuenta de sí tengo hambre o no. Mickaíl me habla, le respondo. Me siento como en un sueño. Miro hacia arriba y veo retazos del cielo. El cielo entrecortado por ramas indefinidas enredándose. Es como una colmena, nuestro lugar secreto donde apenas entra la luz. Parece que está por anochecer pero es la impresión que causan las copas de los árboles sobre nosotros. Sostengo mi mochila con ambas manos. Recuerdo la única vez que me corté en un brazo con una tijera. La sangre se derramó en el piso de mi pieza y me quedé quieta por varios minutos. Eso también pareció irreal y es uno de los recuerdos más vívidos que tengo. Corté mi piel como si fuera papel, por curiosidad y porque estaba triste y poco me importaba lastimarme. Camino y no sé lo que siento ahora ¿si no fuese humana que sería? Veo mi mano, extiendo mis dedos y los llevo a mi palma. Vuelvo a pensar en esto. La primera vez que estuve en un bosque el pasto estaba muy alto y yo me agaché para perderme entre el pasto y empecé a saltar como un conejo mientras las plantas me rozaban. Nadie me veía así que seguí brincando y comí pasto y hojas arrancándolos con mis dientes. Fue divertido y no quería que terminara, cuando volvimos a casa en la camioneta de mi papá me dieron ganas de llorar. Desde ese momento la cotidianidad me deprime. Es como si hubiese perdido algo que me ataba a la realidad al descubrir una forma distinta de hacer las cosas.




   Necesitás que tus extremidades funcionen para empezar a correr. En momentos como este querés ser un cyborg y abandonar tu cuerpo. Estirás tus piernas lo más que podés como si estuvieses conectando unos circuitos. No responden. Los conejos despertaron y te miran. Algunos están quietos pero otros se acercan lento. Tratás de deducir sus intenciones pero no son claras. Sus ojos rojos te miran, te sentís desvanecer. Tenés un recuerdo: estás en un aula vacía con las sillas levantadas sobre las mesas. Todos se fueron, estás solo. La luz del atardecer entra por las ventanas cerradas. El cielo está naranja y te quedas viéndolo, de pie en el medio del lugar. Es el momento del día que más te gusta, podrías quedarte así durante horas pero sabés que sólo dura unos minutos. Sentís que ese lugar te representa. Más temprano hablaste con algunas personas pero fue una interacción superficial. Estás solo con tus pensamientos. Estás en un lugar vacío. Podes sentir como el lugar te atrapa, parece que las paredes se movieran atraídas hacia vos. Notás que pasan los minutos y las horas y el cielo permanece cómo está. Tampoco tus piernas parecen cansarse de estar en esa posición. Nada presenta alteración alguna. Es como si hubieses detenido el tiempo o alguien lo hubiese detenido para vos. Tenés otro recuerdo: Estás bajo un toldo protegiéndote de la lluvia. Hace frío y alguien sostiene tu mano. El ruido de la lluvia tapa cualquier otro sonido. Cerrando los ojos te da la impresión de que la lluvia suena más fuerte. Mantenés los ojos cerrados por unos momentos. Pensás en el juego que dejaste a medio terminar. Pensás en qué te gustaría comer un sándwich. Pensás que el viento está tan fuerte que parece un huracán. Cuando abrís los ojos hay un tornado frente a vos y la persona que sostiene tu mano la suelta para abrazarte y empujarte hacia otro lugar. Estás en un lugar desconocido protegiéndote de algo que vos mismo causaste. No sabés por qué pero te sentís responsable del desastre. Los conejos que se acercaron te olfatean y pierden interés enseguida. Pasan de largo y volvés, de a poco, a tener control sobre tus extremidades. El vértigo se va, te relajás. Empezás a adaptarte, también, a tu nuevo cuerpo. Seguís caminando por la isla.



   Veo las venas traslúcidas de mi brazo. Puedo percibir el movimiento que hay en ellas.  Mi sangre cae sobre la tierra, fue un corte rápido y cuidado. Veo el color de mi sangre y puedo imaginar qué hay debajo de mi piel. Soy más que un envase de carne, pienso, pero no me convenzo del todo. Mickaíl me ve sangrar y me saca la navaja para llevarla a su pecho. Las sombras de las hojas de los árboles se mueven en su piel. Sigo sus movimientos con mis ojos. Presiona la navaja haciendo un corte horizontal. La sangre empieza a salir. Su expresión se mantiene neutra. Se deja caer en la tierra y hago lo mismo. Vemos el cielo y los árboles en silencio. Mickaíl extiende su mano y agarra la mía, está por decir algo pero alejo mi mano y se queda callado. El silencio entre nosotros es extraño, es como si se fuese a romper en cualquier momento. Veo el bosque frente a mí pero es como si no estuviera ahí, como el árbol que está cerca de mi casa, nada de lo que veo parece real. No puedo concentrarme del todo. El corte en mi brazo arde y cierro los ojos. Siento un leve mareo. Tengo ganas de levantarme y correr por el bosque hasta perderme. Imagino a Mickaíl llamándome y siguiéndome sin alcanzarme. Imagino que me pierde de vista y yo realmente me pierdo, ya no encuentro el camino para regresar ni me esfuerzo en buscarlo. Algo me detiene. No sé exactamente qué es pero me quedo quieta. Veo las ramas enredadas mientras mi sangre cae sobre las hojas secas y se mezcla con las flores que arrancamos en el camino.



   La isla tiene algo extraño. Al principio no lo notaste pero a medida de que vas conociendo sus detalles te asegurás de esto. Hay cierta pesadez en el aire y el cielo y el agua se mantienen estáticos. Te gustaría quedarte acostado en el pasto durmiendo o mirando el cielo pero algo no te deja tranquilo. Algunos conejos arrancan las hojas de un eneldo y se las comen. Pensás que cuando tengas hambre vas a hacer lo mismo. Te acercás al mar y tomás un poco de agua, no tiene sabor. Ves tu reflejo, lográs reconocerte. Después de unos segundos tu reflejo hace interferencia y se distorsiona.Te quedás quieto. Pensás que podés desaparecer con cualquier mínimo movimiento. Tenés la certeza de que fuiste otra cosa en otro tiempo y que, como ahora, te desvaneciste sin dejar rastros en ese mundo. Tratás de recordar como eras pero no podes hacer que aparezcan los recuerdos con facilidad. Tu reflejo desaparece y perdés el equilibrio. Estás flotando en el agua, el cielo está celeste con nubes que se entrelazan, es de día. La isla con sus conejos desapareció y el mar donde estás ahora se mueve generando pequeñas olas que te arrastran. Nadás en todas las direcciones pero no vuelve a aparecer la isla ni ninguna otra isla. No hay indicios de que haya tierra firme alrededor. Es como si todo hubiese desaparecido y fueras olvidado en el mar. Te dejás llevar por la corriente sin hacer ningún esfuerzo por nadar ni por hacer nada en absoluto.




   

viernes, 3 de agosto de 2018

Terrestre



   Vi cómo se derrumbaba todo. Estaba acostada sobre arena y escuchaba el sonido del agua creciendo. Imaginé cómo se formaban las olas para después romperse, chocándose entre sí. Mi vista se mantenía al frente: el cielo era gris y rojo y en alguna parte una grieta se abría, rompía al cielo en dos. Detrás había otro cielo o no había nada. Era oscuro. Lo que había detrás de la grieta y el cielo era oscuro y se expandía.

   Toqué con las manos la arena y la apreté para comprobar que aún me quedaban fuerzas. Mis dedos se movieron con debilidad y la arena se escurrió entre ellos. Quise incorporarme y ver las olas, el mar y el cielo rompiéndose. Todo a la vez. Quise ver si había alguien más. No podía moverme. Pensé que así se sentirían los peces cuando son arrastrados por las olas hacia la arena. Pensé en las texturas de sus pieles incompatibles con la arena.

   Algunas olas llegaban a tocar mis pies y deseé que el mar me arrastrara hacia las profundidades. Sentir la incompatibilidad, las olas chocando contra mí, la corriente llevándome lejos y hundiéndome.

   Intenté mover mi cuello para ver a mi alrededor pero no pude. Pensé que tenían que haber otros cuerpos a mi lado, sin embargo intuía que estaba sola. Era una de esas certezas que no son necesarias comprobar. Moví mi lengua lentamente de un lado al otro. La oscuridad se expandía. Recordé mis clases de natación. Las posturas que me enseñaron y las que adopté con el tiempo. Al moverme de esa manera en el agua me sentía un animal acuático, a su vez no podía desprenderme de la idea de que lo que estaba haciendo era netamente humano: una técnica de supervivencia.

   Pensé en peces y otros animales. Me pregunté cómo se encontrarían y dónde. Cuáles serían sus reacciones al percibir el derrumbe y la oscuridad expandiéndose. Creí que fuera lo que fuera que sintieran, sus experiencias debían ser más plenas: no interferidas por pensamientos prolongados. Tenían que serlo.

   Me acordé del perro que vivía conmigo y cómo le asustaban las tormentas. El agua cayendo, chocándose con todo, haciendo un gran estruendo. Me acordé de que hay una isla en Japón en la que llueve casi todo el tiempo. Las personas y los animales se adaptan a esas cosas. Son técnicas de supervivencia.

   Me concentré en el olor del mar. Lo relacioné con un sabor dulce. El viento estaba muy fuerte. Debía ser el principio de un huracán. Escuché las olas chocar con más fuerza, alcanzando a salpicar mis piernas. Deseé que se formara una ola lo suficientemente grande como para arrastrar mi cuerpo. La imaginé en detalle, como si imaginarla fuera a generarla.

   El cielo ya estaba completamente oscuro. Moví mis brazos como pude y levanté un poco mi espalda apoyando mis codos en la arena, tenía que verlo. El mar también estaba negro y un tornado hacía remolinos en el agua. A mis pies, sólo algunas algas marinas habían sido arrastradas.

viernes, 2 de febrero de 2018

Una chica entrando en una tormenta



I

Hacía mucho frío. Creía que si seguía caminando se iban a entumecer mis rodillas. Respiré profundamente, el aroma de las plantas silvestres me inundó por completo, y avancé por los pastizales mientras la lluvia golpeaba mi piel, primero suavemente, luego con violencia.
Son esas situaciones en las que crees que la naturaleza o las cosas tienen intenciones sobre vos. O cuando relacionás un hecho con otra cosa que te pasó. Caminar por acá no sería tan triste si no hubieran tantos pensamientos intercediendo, pensé.
Agarré una rama para guiarme en la semioscuridad. No quería caerme. No me importaba manchar mi vestido pero no sabía si me quedarían fuerzas para levantarme y salir de ese bosque. Observé la siguiente piedra en la que pondría mi pie para no hundirme. Tenía la impresión de que había estado así durante mucho tiempo, eligiendo piedras, esquivando ramas que de vez en cuando rozaban y rasgaban mi piel.
Si Malena me viera así sacaría su cámara y me tomaría una foto, me consolé. De seguro se reiría y después me ayudaría y saldríamos de este lugar más rápido. Pero Malena no era, en ese momento, más que un fantasma haciendo lo que yo quería. Me sentí un poco mal por manipular sus acciones en mis pensamientos.
Un fuerte estruendo me detuvo. Un relámpago azul iluminó mi cara y me hizo ver a lo lejos una casa de maderas rotas y viejas. Ahora sí, esto tiene todos los elementos de una película, me reí. Aunque la casa se veía terrorífica, avancé más rápido. Quizás habría alguien ahí para ayudarme.

II

Recuerdo que la lluvia tocó mi cara y me desperté. Noté en mi mejilla izquierda como la tierra sobre la que estaba recostada se convertía en barro y levanté mi cabeza y mi torso. Miré alrededor: parecía estar sola, pero no lograba convencerme de esto. Luego miré hacia arriba, sauces enormes me protegían de la lluvia, que rápidamente se estaba volviendo tormenta. Lo siguiente fue levantar mis rodillas. Sentí las piernas pesadas y me di cuenta de lo cansada que estaba, como si hubiese dormido durante mucho tiempo. Noté moretones en mis piernas y acaricié uno de ellos rápido, sin pensar. Una vez de pie caminé de frente sin evaluar donde podría encontrar una salida: todo lo que me rodeaba era bosque. Era la primera vez que estaba en uno. Distinguía sus elementos por las fotografías que había visto aisladamente en toda mi vida, por las películas de Miyazaki, por los libros de cuentos que me leían y leí cuando era chica. A diferencia de las representaciones visuales, este bosque no se veía agradable. Su verde oscuro y su frondosidad me resultaban amenazantes. Resolví que lo veía así porque el cielo estaba nublado. Incluso yo debía verme sombría caminando despacio, un poco mareada, entre troncos delgados que se rozaban entre sí.

III

Estaba sentada sobre un sillón azul. Me habían ofrecido té. Escuchaba sonido de porcelana chocándose y de una llama leve. Me enfoqué en el sillón. Era azul cerúleo. Como las flores que pinté en el taller. Traté de recordar donde había dejado ese cuadro pero no pude. Me dio la impresión de que cuando algo se pierde es como si nunca hubiera existido. Exactamente como un sueño.
El sillón era suave y cómodo. Relajé mi espalda y mis piernas. Alguien trozaba hebras en un mortero. Un aroma leve a melisa llegó hasta mí. Pestañeé pero esta vez tardé unos segundos en volver a abrir los ojos. El agua en la pava se movía inquieta, podía oírla. Traté de imaginar como sería estar frente al océano. Si en verdad existe sólo uno como una vez me habían dicho.  Sí, ciertamente, sería como me lo habían descripto. Traté de crear fotogramas de sus misterios. Me imaginé dentro. Lo imaginé calmo y apacible. Diseñé peces, medusas y algas. Ningún depredador. Ningún indicio de turbulencia.
La pava hizo un sonido cuando el agua terminó de hervir. Alguien sirvió el contenido. El agua caía calma, sin prisa.
La anciana que me había recibido se encontraba frente a mí, con su vestido estampado de flores y su chaleco abotonado. Extendía su mano para dejarme la taza de porcelana en una mesita, frente a mí. Pensé que todo debía de ser diminuto y delicado en esa casa. Ella misma lo era. Sus huesos me parecieron frágiles. Se movía lento y parecía verme, sus ojos estaban desorbitados, apuntando al techo. No podía moverlos. Pero realmente creí, en ese momento, que me veía.

Tener tan cerca a personas o animales buscando interactuar conmigo me lleva a salir de mis pensamientos. A veces me resulta molesto, otras veces aliviante. Enfoco mi atención y obtengo un fotograma a gusto, eligiendo el ángulo, el plano y el enfoque. Esa es la manera más eficaz de situarme en la realidad. Aunque nunca me deja de parecer que todo tiene aspecto de ensueño. Malena me había dicho que esto me hacía especial, pero me exponía a todo tipo de peligros. Creí que estaba en lo cierto, porque desde muy chica me di cuenta de lo amenazante que es el mundo que me rodea.

IV

Estaba en mi capsula, podía ver con claridad sus contornos y estirar mi mano para atravesarla y tocar la taza pero el tacto no bastaba para sacarme de ahí.
En algunos momentos me olvidaba de que estaba rodeada por el frío metal y simplemente me dedicaba a percibir.
En otros, la densidad del encierro me hacía sentir insegura y miraba todo con ojos asustados.

Cuando terminé de tomar el té fui guiada hacia un cuarto con el techo de madera inclinado. Pensé que sí fuera algunos centímetros más alta no podría caber ahí. La anciana encendió la única luz de la habitación, proveniente de un velador junto a la cama. Era una luz suave, amarillenta. Se acercó a un ropero y me ofreció una frazada, la cual acepté. No hablamos una palabra y eso me tranquilizaba. Una vez que me senté en la cama, ella abandonó la habitación.
Me pregunté qué seguía. Me quité los zapatos y las medias manchados de barro y los dejé bajo la cama. Miré alrededor: todo era flores. Flores frescas frente a una ventana, flores en los cuadros impresionistas, flores en el empapelado de las paredes. De alguna manera, me hacían sentir segura. Me recosté tapándome con la frazada y me dormí enseguida.

V

Aprendí a conocer a las personas y a las cosas a través de fotogramas. Tomé fragmentos y los dispersé. Obtuve impresiones y las destruí todas las veces.
Con Malena no tuve que hacer mucho esfuerzo: la conocí a través de sus fotografías. Me mostraba paisajes que capturaba de sus paseos en bici: atardeceres, barrios desiertos, pájaros muertos. Una muy especial que conservo, es una vereda repleta de gotas de lluvia donde se ven sus piernas y sus zapatos.

La luz del sol filtrada por las cortinas celestes me alcanzó y me desperté. Me quedé un rato mirando las flores cerca de la ventana hasta que decidí levantarme: estaban marchitas. Me pregunté cuanto tiempo había dormido. Me acerqué a la ventana y corrí un poco la cortina: todo lo que se veía era bosque, ningún indicio de animales o personas. El cielo estaba calmo tras la tormenta, sin nubes. Salí de la habitación con los zapatos y las medias en la mano. La anciana estaba en la cocina preparando el desayuno. Podía sentir aroma de frutos rojos. Me senté a la mesa y ella se acercó a dejarme mi parte mientras me sacaba de la mano los zapatos con las medias dentro. No podía entender como los veía. Sus ojos seguían apuntando hacia arriba, esa mañana se veían más claros. Regresó a la cocina y se puso a fregarlos con jabón.

Tomé mi desayuno en un extremo de la mesa observando el paisaje tras un ventanal. Pensé en lo fantástico que debía ser vivir ahí. No sabía hasta ese momento que hubieran casas en medio del bosque. Era tranquilo. La habitación me pareció repleta de relojes, aunque sólo fueran tres o cuatro. Cada uno de ellos indicaba una hora exacta. Comprobé, más que nunca, que el tiempo no tenía importancia. Nadie me estaba esperando, y si lo estaba haciendo no habría manera de saberlo así que no dependía de mí. No tenia que ir a ningún lado. No había nada por hacer, al menos no inmediatamente. Estaba bien así, viendo el bosque a través de la ventana. Pensé en salir a caminar.

VI

Una vez visité un museo de muñecas de porcelana. Eran muñecas que dos hermanas ancianas habían coleccionado gran parte de su vida y habían decidido exhibirlas. Cada vitrina era una habitación donde las muñecas manipulaban objetos, hacían cosas, interactuaban entre sí. Daban la impresión de estar vivas por la cantidad de detalles y sus rasgos humanos. Yo misma me sentí en una casa de muñecas y cuando tuve que irme no quería que la fantasía terminara.



El cielo estaba lila tras la tormenta. Percibí la tierra húmeda bajo mis pies. Helechos cubiertos de rocío acariciaban mis piernas y las salpicaban mientras caminaba. Aceleré mi paso cada vez un poco más hasta comenzar a correr. Aunque no sabía los nombres de las plantas, las estaba conociendo profundamente con sólo sentir su roce en mi piel. Sin siquiera pensarlo estaba alejándome lo más que podía de esa casa. Paré cuando estuve exhausta. Me dejé caer en la tierra con la respiración agitada y el corazón acelerado. Me relajé y percibí calor expandiéndose por todo mi cuerpo. Pensé en Malena. Me di cuenta que lo que más me gustaba de ella era que se comportaba de maneras que yo jamás adoptaría. Tuve ganas de volver a verla. Vibraciones y sonidos de la ciudad llegaron hasta mí.